El don de lenguas es un fenómeno bien llamativo en la iglesia. Y existe algún debate al respecto de por qué los cristianos hablan en lenguas. La razón está en Dios, en la Biblia, y en el plan de Dios para la iglesia desde hace mucho tiempo atrás. Podemos verlo en las palabras del profeta Joel dijo en el libro del Antiguo Testamento que lleva su nombre:
“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días”
Joel 2:28
Joel profetizó alrededor del año 800 antes de Cristo, su profecía representó un misterio y un anhelo para el pueblo judío a quien le habló. Durante siglos el pueblo de Israel esperó el cumplimiento de la promesa que Dios había dado mediante Joel.
Con la llegada de
Juan Bautista, el último gran profeta de Israel, se revitalizó la esperanza del
pueblo de Israel, Juan dijo:
“Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego”.
Mateo 3:11
Habían pasado unos 800 años desde Joel, y Juan ahora está retomando el hilo de Joel. Viene Uno que “bautizará en Espíritu Santo y fuego”. Juan se refería a Jesús, el Hijo de Dios, el Mesías y Salvador de Israel.
Ungido por el Espíritu Santo, Jesús prepararía es el Camino para el cumplimiento de la promesa de Dios.
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